Ema era una babosa que vivía cerca de un parque de una zona al norte de Valencia. Un día Marco, mientras jugaba a buscar las flores más bonitas del parque la vio y decidió capturarla en el tupper de su merienda para tenerla como mascota. Marco le dijo: “¡Te llamarás Ema!, ¡Qué bonita eres!”.
Se había hecho tarde, y los padres de Marco le llamaron para marchar a casa. Marco apurado metió a Ema en el tupper y obedeció. Le dijo a Ema: “Mantendremos esto en secreto”.
Ema no entendía muy bien que estaba pasando. Estaba algo asustada, por eso empezó a sentir que su cuerpo se empapaba de baba. Las babosas sienten eso cuando están en peligro. Nosotros cuando nos sentimos en peligro tenemos sudor, notamos que nuestro corazón se acelera y podemos llegar a temblar durante un tiempo corto. Pero, ¿qué hizo Ema para controlarse y volver a la normalidad?. Ema dijo: “ Necesito hacer la respiración cuadrada para calmarme”.
Entonces comenzó: “Me siento apoyando mi espalda bien recta. Respiro una vez contando hasta 4 mentalmente. Uno, dos, tres y cuatro. Noto como mis pulmones están llenos. Ahora retengo el aire contando hasta 4. Uno, dos, tres y cuatro. Todo seguido voy expulsando el aire por la boca, contando también hasta cuatro en mi cabeza. Uno, dos, tres y cuatro”.
Una vez acabó, dijo: “Esto lo hago hasta 10 veces como mucho. Si me encuentro muy nerviosa llego a 6, y si me mareo paro, aviso y retomo la respiración normal con calma y sentada”.
Ema se encontró mucho mejor al acabar, se sintió con más fuerza para poder ver que estaba pasando y ver las cosas de manera más positiva.

