Apego, pareja y amistad.

Hay momentos en los que no sabemos si llevamos a cabo conductas coherentes en nuestras relaciones. A veces buscamos saber quien tiene realmente la culpa, otras sentimos dudas sobre como gestionar determinadas situaciones de nuestra vida amorosa y de amistad. 

¿Por qué actúa así mi pareja?, ¿Por qué mi amiga se comportó así?, y por supuesto: ¿por qué yo actúo de esta manera?.

Cuando hablamos de apego nos referimos al vínculo emocional con afecto que sentimos por alguien. Esto conlleva conductas de cercanía hacia esa persona.

John Bowlby pionero en la teoría del apego diferencia dos funciones de este:

a) Biológica, que se basa en la protección y la supervivencia del individuo.

b) Psicológica, con el objetivo del aprendizaje social, cultural, y de garantizar la integridad emocional, desarrollándose desde la infancia.

Podemos diferenciar claramente cuatro tipos de apego. Seguro ya os suenan.

Comenzaremos con el apego evitativo. El apego evitativo toma como base una vinculación afectiva no plena en la infancia. El menor no ve sus necesidades cubiertas por los que están a su cargo. Siente desprotección y se siente poco valorado, por tanto puede llegar a evitar el trato con las figuras paternas. Llega un momento en el que separarse de los padres no produce ganas de que regresen ni malestar.

¿Cómo actúo en el apego evitativo en mis relaciones adultas?

-No comparto mis sentimientos, emociones y pensamientos, y al hacerlo siento incomodidad y no me gusta en absoluto aunque lo que esté callando me cause dolor.

-Soy muy independiente, jamás muestro necesidad alguna.

-Cero vulnerabilidad cara a la otra persona.

-Miedo a la pérdida.

-Temo ser rechazado/a.

-Rechazo la intimidad física.

En segundo lugar el apego ansioso se caracteriza por un temor excesivo al abandono. La estabilidad se apoya en el contacto estrecho con las figuras de cuidado. Cuando estos desaparecen sienten mucha angustia y ansiedad. Es una relación dependiente.

¿Cómo actúo en el apego ansioso en mis relaciones adultas?

-Prefiero a toda costa los planes con mi pareja o amigo/a.

-Si no tengo a mi pareja o amigo/a como guía me siento perdido, no soy capaz de hacer las mismas cosas solo/a.

-Angustia excesiva al no obtener respuesta inmediata en RRSS o Whatsapp.

-Necesito muestras de afecto constante, ya que yo suelo darlas.

-Ante cualquier discusión siento pánico por la posible pérdida. 

-Exijo y hago pruebas para ver si me siguen queriendo.

En tercer lugar, el apego desorganizado, que es una combinación de apego evitativo y apego ansioso. Hay dificultad a la hora de establecer vínculos profundos con los padres, pero a la vez existe miedo al abandono. Nace de comportamientos negligentes de los padres, donde se genera una mala gestión de las emociones, inseguridad y mayor probabilidad de futuras respuestas explosivas.

Padres poco emocionales, con pánico a la paternidad, minimizan o no están ahí por causas como el trabajo. El niño deja la vulnerabilidad muy dentro de él y sabe que debe valerse por él mismo.

¿Cómo actúo en el apego desorganizado en mis relaciones adultas?

-Siento que quiero estar con esa persona, pero luego me agobio con facilidad estando en compañía.

-Establezco relaciones promiscuas.

-Me encanta agradar.

-Mejor evitar de nuevo el abandono.

-Busco cercanía física pero evito la emocional a toda costa.

En contraposición al apego desorganizado se encuentra el apego seguro. El apego seguro, en la pareja y en la amistad, tiene su punto fuerte en la comunicación. La sinceridad, la confianza, ser respetuoso y ser asertivo.

Un trauma en la etapa adulta puede reestructurar nuestro apego. El abuso, la negligencia o el abandono pueden ser el detonante de cambio, en cualquier etapa de nuestra vida.