Depresión infantil. ¿Mito o realidad?.

Esta vez los protagonistas son los pequeños. La infancia es un periodo de cambio y aprendizaje constante en el que se construyen las bases de nuestro comportamiento y muchos factores de nuestra personalidad. Por lo tanto, debemos prestar atención, observar, sin etiquetar y sin predecir. «Es que es muy tímido», «esa comida a él no le gusta», «No le pasa nada, algo querrá», «que se acostumbre», estoy segura de que os suenan algunas de estas frases.

Como padres, profesores o tutores a su cargo debemos saber desarrollar unas capacidades que quizá hasta el momento no habíamos entrenado. La paciencia, la escucha activa, la responsabilidad afectiva, la puntualidad, el adaptarnos a horarios ajenos…

La escucha activa suele ser la más costosa, caer en suposiciones a diario, en el «sabelotodísmo». Negamos los puntos de vista y las experiencias del resto con respecto a aquello que consideramos conocido, y más las de los pequeños. Somos humanos, y aun poniendo nuestros cinco sentidos en ocasiones fallamos, y es normal.

¿Cómo podemos detectar situaciones que indiquen algún problema en nuestros pequeños?. A continuación se muestran algunos de los síntomas de depresión infantil que pueden pasar inadvertidos:

  • Irritabilidad

Carácter irascible, sofocos, agresividad, enfados recurrentes, poca tolerancia, lloros repentinos, relaciones sociales conflictivas, ideas sucidas, rumiaciones negativas, etc.

  • Cansancio

Lloros, pesadez, apatía, cambios en los horarios de descanso, insomnio, etc.

  • Quejas somáticas

Malestar general, dolor de estómago, dolores de cabeza, lloros, dolor abdominal, cefaleas, etc.

  • Cambios en la actividad motora

Activación continua, tensión corporal, comportamientos extraños o de intensidad fuera de lo normal, irascibilidad, pesadillas, ansiedad, etc.

  • Fobia escolar

Soledad, ganas de quedarse en casa, fingir enfermedades, mentiras, altas capacidades, aislamiento por decisión propia, etc.

  • Enconpresis y Eneuresis

Micción o deposición involuntaria repetida por parte del menor, cuando por edad se espera que ya no lo haga.

  • Aumento o disminución de la alimentación 

Cambios en las ingestas diarias, rechazo hacia alimentos que antes gustaban, olvidos del horario del horario de ingestas, etc.

  • Aburrimiento

Falta de motivación, altas capacidades, iniciación a adicciones y búsqueda de riesgo en la adolescencia, falta de interés en actividades, etc.

  • Disminución del rendimiento escolar

Malas notas, ganas de llamar la atención, conflictos entre compañeros y con profesores, falta de atención durante las clases, falta de toma de decisión, dificultad para concentrarse, etc.

La comunicación es la llave en todo momento. No tomar cartas en el asunto puede generar modelos de conducta inadecuados desde la infancia, originando problemas similares, crónicos, o de índole mayor en la etapa adulta. ¿Cómo podemos ponerle solución?:

El origen de la depresión se debe a múltiples factores ( biológicos, psicológicos y sociales). El tratamiento debe basarse en una correcta psicoeducación, aplicar la psicoterapia, y si es en caso, farmacoterapia. Para ello lo primero que se debe hacer es acudir a un profesional para que nos guíe en todo momento sobre cual es el modo correcto de actuación.

¿Qué podemos hacer mientras por los más pequeños?

  1. Hablar con el menor
  2. Observar y crear rutinas
  3. Indagar en su autoconcepto y autoestima
  4. Tener en cuenta los sentimientos de culpa
  5. Compartir tiempo de calidad con ellos.

La OMS estima que un 2% de los niños entre 6 y 12 años padece depresión a nivel mundial.  De 12 a 14 años aumenta siendo entre un 4% a un 6%º. Además, cita la depresión como la primera causa de discapacidad mundial.

Referencias Bibliográficas

  1. 15 estadísticas sobre la depresión (psicologiaymente.com)

2. Depresión (who.int)

3. Depresión en bebés recién nacidos: ¿Cómo saber si tu bebé está deprimido? (somosmamas.com.ar)