La Falacia de la recompensa divina no es Karma

La falacia de la recompensa divina es una de las 15 distorsiones cognitivas que trabajo en consulta. Seguramente te preguntes, ¿qué es una distorsión cognitiva?. Pues bien, una distorsión cognitiva es una interpretación fallida de la realidad, nos aleja de la objetividad y nos acerca hacia una visión negativa y errónea de aquello que vivimos.

La falacia de la recompensa divina dentro de estas es muy especial. Nos hace creer que en un futuro todo mejorará sin que llevemos a cabo ninguna acción ni toma de decisiones, creyendo que aquello que merecemos llegará. “Nuestra recompensa divina”. Uno, dos tres, ¡CHAS!.

En esta falacia considero que mis sacrificios y el “hacer el bien” a diario es motivo suficiente para cosechar en el futuro.

Absolutamente todos, y todos los días, caemos en este tipo de distorsiones. Dime que nunca has caído en el: “Si hago esto por mi amigo él lo hará por mi”, “soy buena persona y no hago mal a nadie, me tiene que tocar la lotería”, “si hago todo bien me darán lo que quería de sorpresa ”, “seguro que haré algo grande, se han metido mucho conmigo”, “tengo que centrarme en mis hijos y darles lo mejor”, etc. Entregarnos a otros, poner todo nuestro empeño en una causa. Todos estos son ejemplos.

Esa sensación de que hay un arbitro y un contador en marcha anotando absolutamente todo lo que va sucediendo a nuestro favor. Soportar como sinónimo a marcar un gol en el último minuto.

“¡Espera!- ¿Por qué no voy 3-0?. ¿A quién me tengo que quejar?”. La recompensa no llega y el resentimiento empieza a percibirse.

Vivir la falacia de la recompensa divina puede estar relacionado con creencias o estilos educativos. Tal vez en algún momento de tu infancia tus padres te dijeron que si aprobabas te regalarían algo, o que podrías hacer alguna actividad que en ese momento no querían que la llevaras a cabo. Sensaciones como el sufrimiento y la espera se normalizan. Esto produce que a corto plazo las personas no busquen resolver el problema y acceder por otra vía a aquello que ansían.

En resumen, la falacia de la recompensa divina es irracional. Debemos de ser capaces de establecer límites y de tomar decisiones que nos lleven hacia donde queremos ir. Ser capaces de decidir activamente y de solucionar aquello que la vida nos ponga delante es primordial. No debemos caer en la pasividad, ni que otros tomen las decisiones por nosotros.

Otra cosa es el KARMA, y ese siempre llega.